📝HISTORIA EN BREVE
- Los productos finales de glicación avanzada (AGEs, por sus siglas en inglés), también llamados glicotoxinas, son compuestos que se forman cuando los azúcares se unen a proteínas o grasas durante la cocción a altas temperaturas
- El procesamiento de los alimentos comerciales para mascotas genera una exposición dietética significativa a los AGEs por dos razones: el procesamiento en múltiples etapas a altas temperaturas al que se someten el pienso seco y los alimentos enlatados (a veces de cuatro a seis rondas de tratamiento térmico) y el elevado contenido de carbohidratos de la mayoría de las dietas comerciales
- Un estudio de 2014 descubrió que el tipo de AGE más estudiado, el hidroximetilfurfural (HMF), presentaba niveles de ingesta 122 veces mayores en perros y 38 veces mayores en gatos que en los humanos adultos
- Los AGEs se han relacionado con la inflamación, el estrés oxidativo, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la disfunción renal, los trastornos neurodegenerativos y ciertos tipos de cáncer. En perros, en particular, se han observado niveles elevados de AGEs en los tejidos de animales con diabetes, cataratas, osteoartritis, disfunción cognitiva, enfermedad vascular y aterosclerosis
- No necesitas hacer un cambio radical en la dieta para reducir la exposición de tu mascota a los AGEs: añadir alimentos frescos, integrales y sin almidón incluso al 10 % o 20 % de la dieta, considerar opciones menos procesadas, vigilar el contenido total de almidón (no solo de cereales), evitar cocinar en casa a altas temperaturas y favorecer una buena salud metabólica en general marcan una diferencia significativa
🩺Revisado por la Dra. Arielle Walton
Cuando revisas la parte posterior de la bolsa de comida de tu mascota, lees una lista de ingredientes, un análisis garantizado y una guía de alimentación. Lo que no ves es uno de los compuestos más estudiados, y con mayores consecuencias, presentes en los alimentos procesados modernos. No es obligatorio que aparezca en la etiqueta y se forma durante el mismo proceso de cocción que da al pienso de tu perro su larga vida útil y al alimento enlatado de tu gato su consistencia duradera.
Se llama productos finales de glicación avanzada (AGEs, por sus siglas en inglés), a veces conocidos como glicotoxinas. Y vale la pena comprender la conversación sobre cómo podrían afectar la salud a largo plazo de perros y gatos.
Qué son realmente los AGEs
Los AGEs son compuestos que se forman cuando una molécula de azúcar se une a una proteína o una grasa. Se producen de forma natural en el organismo como subproducto del metabolismo normal y también ingresan al cuerpo a través de los alimentos. En los alimentos, se crean en gran medida mediante la reacción de Maillard, el mismo proceso químico que da a la carne dorada su color y al azúcar caramelizado su sabor. Cuando los azúcares y los aminoácidos se calientan juntos a altas temperaturas, forman compuestos con un sabor atractivo, pero con implicaciones para la salud.
Existen muchos tipos de AGEs, entre ellos la acrilamida, la carboximetil lisina (CML) y el hidroximetilfurfural (HMF). Algunos han sido clasificados como probables carcinógenos. Otros se han relacionado, en estudios con humanos y animales, con la inflamación, el estrés oxidativo y una amplia variedad de enfermedades crónicas.1,2,3
Cómo llegan los AGEs a los alimentos para mascotas
Dos características clave del procesamiento de los alimentos comerciales para mascotas los convierten en una fuente importante de AGEs en la dieta. La primera es el calor. El pienso seco suele procesarse a temperaturas de hasta 400 °F bajo presión, luego se seca con calor y con frecuencia se rocía con un recubrimiento de grasa calentada para hacerlo más apetecible. Los alimentos enlatados se esterilizan a temperaturas cercanas a los 250 °F.
Cuando los productos terminados llegan a los estantes, los ingredientes de una bolsa de pienso pueden haber sido sometidos al calor entre cuatro y seis veces distintas: durante el procesado o la deshidratación de los ingredientes, durante la extrusión, durante el secado y durante la aplicación del recubrimiento de grasa.4
La segunda característica es el almidón. La mayoría de los piensos contienen una cantidad importante de carbohidratos. Según algunas estimaciones del sector, las fórmulas con cereales contienen más del 50 % de carbohidratos, mientras que las fórmulas sin cereales suelen rondar el 40 %. Los gatos, que son carnívoros estrictos, pueden estar consumiendo dietas comerciales que contienen más almidón que proteínas. El almidón es precisamente el tipo de sustrato que favorece la formación de AGEs cuando se cocina a altas temperaturas y también contribuye a la producción de AGEs dentro del organismo durante la digestión.5,6
Se ha demostrado que el HMF, uno de los AGEs más estudiados en los alimentos para mascotas, sigue formándose incluso durante el almacenamiento de alimentos secos en los estantes y de productos enlatados conservados en recipientes metálicos. Los alimentos con mayor contenido de grasa expuestos al calor tienden a generar más HMF que sus equivalentes con menor contenido graso.7
Lo que ha descubierto la investigación
Los estudios que han medido los niveles de AGEs en alimentos para mascotas, aunque son limitados en comparación con la investigación en nutrición humana, han producido algunas comparaciones llamativas. Por ejemplo, un análisis de 2014 realizado por investigadores de Wageningen University & Research, en los Países Bajos, sobre 67 alimentos comerciales para perros y gatos, encontró que la ingesta diaria promedio de HMF era 122 veces mayor en perros y 38 veces mayor en gatos que la ingesta promedio calculada para humanos adultos, siendo los productos enlatados los que contenían los niveles más altos.8
Mientras tanto, un estudio de 2021 publicado en la revista Fundamental Toxicological Sciences por investigadores de la Universidad Azabu, en Japón, analizó los niveles de acrilamida en tres categorías de alimentos comerciales para perros (secos, retort y enlatados) y calculó que los perros alimentados con pienso consumen aproximadamente cuatro veces más acrilamida que los humanos por kilogramo de peso corporal.9
Y en una tesis doctoral de 2020 de la Universidad de Georgia, realizada por Siobhan Bridglalsingh, posteriormente publicada en el Journal of Animal Physiology and Animal Nutrition, se midieron las concentraciones plasmáticas de AGEs en perros sanos alimentados con cuatro dietas procesadas de forma diferente y se encontró un patrón predecible: el alimento húmedo (enlatado) se asoció con los niveles plasmáticos más altos de AGEs, seguido por el pienso seco ultraprocesado; los alimentos deshidratados al aire presentaron niveles significativamente más bajos y los alimentos mínimamente procesados y cocinados suavemente produjeron las concentraciones más bajas.10
Cabe señalar que la investigación de la industria de alimentos para mascotas sobre estos compuestos sigue siendo relativamente limitada. La mayoría de los estudios existentes son de corta duración, analizan solo uno o dos AGEs a la vez y rara vez abordan la exposición acumulativa a lo largo de toda la vida.
Las preocupaciones para la salud
Los AGEs se han relacionado, principalmente en investigaciones con humanos y estudios de laboratorio, con una amplia variedad de afecciones crónicas, entre ellas la inflamación, el estrés oxidativo, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, los trastornos neurodegenerativos, la disfunción renal y ciertos tipos de cáncer.
El mecanismo está relativamente bien caracterizado: una vez ingeridos, los AGEs pueden liberarse en el intestino, donde interactúan con el sistema inmunitario al unirse a receptores (llamados apropiadamente RAGE, Receptores para AGEs). Esa unión puede activar vías inflamatorias, generar especies reactivas de oxígeno y contribuir con el tiempo a la inflamación sistémica y al daño de los tejidos.11,12
En perros, concretamente, varios estudios han mostrado un aumento de los niveles de AGEs en los tejidos de animales con diabetes, cataratas, osteoartritis, disfunción cognitiva canina, complicaciones vasculares y aterosclerosis. En algunos casos, cuando se restringieron los AGEs de la dieta, se observaron mejoras en estas afecciones. También se ha descubierto que los AGEs se acumulan en el cerebro de perros mayores y en el ventrículo izquierdo del corazón, lo que plantea interrogantes sobre su papel en la demencia relacionada con la edad y las enfermedades cardíacas.
Otros hallazgos incluyen efectos sobre la estructura de las proteínas, la permeabilidad intestinal, las respuestas alérgicas a los alimentos y la biodisponibilidad de ciertos minerales.13,14
Conviene mantener una perspectiva equilibrada: la mayor parte de la evidencia que relaciona los AGEs con enfermedades específicas en perros y gatos es de carácter asociativo y no demuestra de forma definitiva una relación causal. El conjunto de investigaciones está creciendo, pero aún no es concluyente. Aun así, los paralelismos con la investigación en nutrición humana son lo bastante llamativos como para que los nutricionistas veterinarios les presten cada vez más atención.
Por qué las mascotas podrían ser más vulnerables
Existe un argumento razonable para pensar que los perros y los gatos podrían ser más sensibles a los AGEs dietéticos que los humanos. Los seres humanos comenzaron a consumir alimentos cocinados en algún momento entre hace 400.000 y 1,8 millones de años, lo que dio tiempo al metabolismo humano para adaptarse, al menos parcialmente, a los subproductos químicos de la cocción a altas temperaturas.
Mientras tanto, los perros fueron domesticados hace aproximadamente 30.000 años, y los gatos apenas unos miles de años después. Sus dietas evolutivas se centraban en presas enteras y crudas, en lugar de ingredientes procesados con calor, ricos en almidón y proteínas modificadas. Los gatos, en particular, son carnívoros estrictos, con una fisiología digestiva diseñada para proteínas y grasas de origen animal, no para dietas en las que el almidón puede superar a las proteínas.15,16
Aún se está estudiando si estas diferencias evolutivas se traducen en un mayor riesgo de enfermedades relacionadas con los AGEs. Sin embargo, las exposiciones diarias documentadas en los alimentos para mascotas son considerables, y la acumulación a lo largo de toda la vida puede ser más importante que cualquier comida aislada.
La falta de información en la etiqueta
Una de las razones por las que la conversación sobre los AGEs sorprende a los cuidadores de mascotas es la falta general de transparencia en el etiquetado de los alimentos para mascotas. Las definiciones legales de los ingredientes de estos alimentos difieren de las utilizadas para los alimentos destinados al consumo humano. El contenido de carbohidratos no es obligatorio en el análisis garantizado. Los niveles de AGEs nunca se analizan, divulgan ni regulan.
Eso significa que dos alimentos con etiquetas aparentemente similares pueden tener perfiles de AGEs muy distintos, dependiendo de cómo se procesaron, secaron, almacenaron y combinaron sus ingredientes. Un cuidador que compare opciones en el estante de una tienda prácticamente no tiene forma de evaluar este aspecto de la calidad del alimento.
Medidas prácticas para reducir la exposición
La evidencia científica sugiere varias estrategias razonables para reducir la exposición dietética a los AGEs, ninguna de las cuales requiere un cambio radical de la dieta:17,18,19
- Añade alimentos frescos, integrales y sin almidón: sustituir tan solo entre un 10 % y un 20 % de una dieta basada en pienso o alimento enlatado por complementos preparados suavemente, como verduras de hoja verde ligeramente cocidas al vapor, ha demostrado tener un efecto positivo medible.
- Considera opciones menos procesadas: los alimentos liofilizados, cocinados suavemente, deshidratados o crudos se procesan a temperaturas significativamente más bajas y tienden a contener menos AGEs que el pienso extrusionado o los productos enlatados.
- Fíjate en el contenido total de almidón, no solo en el contenido de cereales: las fórmulas sin cereales pueden seguir teniendo un alto contenido de almidón procedente de patatas, guisantes y legumbres, todos ellos favorecen la formación de AGEs.
- Evita freír u hornear a altas temperaturas las comidas caseras: la cocción lenta, al vapor y otros métodos suaves producen muchos menos AGEs que dorar o sellar los alimentos.
- Favorece una buena salud metabólica en general: el ejercicio regular se ha relacionado con una menor acumulación de AGEs en el organismo, y mantener un peso saludable, favorecer una buena circulación y controlar la inflamación también desempeñan un papel importante.
Para los cuidadores que se sientan cómodos haciendo un cambio, es razonable empezar añadiendo alimentos frescos o realizar una transición gradual hacia opciones menos procesadas. Para quienes prefieran otro enfoque, el siguiente paso adecuado es hablar con un veterinario, idealmente con experiencia en nutrición, sobre una estrategia equilibrada.
Una visión más amplia
La conversación sobre los AGEs forma parte de un contexto más amplio: una creciente conciencia de que los alimentos ultraprocesados, tanto para humanos como para mascotas, pueden conllevar riesgos de enfermedades crónicas que no aparecen en un análisis garantizado ni en una campaña de marketing. Eso no significa que todas las dietas comerciales sean perjudiciales ni que las dietas caseras o crudas sean universalmente más seguras. Cada enfoque implica ventajas y desventajas en cuanto al equilibrio nutricional, la seguridad alimentaria, la comodidad, el coste y las necesidades individuales del animal.
La cuestión no es abandonar el pienso por miedo a una clase de compuestos. La cuestión es comprender que lo que aparece en la etiqueta no cuenta toda la historia.
Reflexión final
Tu perro o tu gato ha estado comiendo la misma dieta día tras día durante años. Las pequeñas diferencias en la calidad del alimento se acumulan a lo largo de toda la vida. Cuanto más comprendan los cuidadores cómo se elabora el alimento de su mascota, no solo qué contiene, sino cómo se procesa, almacena y llega al recipiente, mejor preparados estarán para favorecer su salud a largo plazo.
Los AGEs son un ejemplo de un ingrediente que no aparece en la etiqueta, pero que sí está presente en la bolsa. Saber que existen y cómo reducirlos es un paso importante para alimentar a tu mascota con los ojos bien abiertos.
🔍Fuentes y Referencias
- 1,11,17 Dogs Naturally, May 29, 2026
- 2,5,14,16,18 Dogs Naturally, August 28, 2023
- 3,4,6,7,12,13,15,19 Goodness Gracious, The Rage of AGE (Advanced Glycation End Products) and Your Pet's Fight Against It